Lo interesante de los días de lluvia es saber musicalizarlos bien, de tal forma que el ritmo desatado de esas almas - que a veces miran al cielo buscando respuestas que no existen - se sincronice con todo su entorno auditivo.
Porque ¿Qué hay mejor que ese silencio en el ruido ensordecedor de la lluvia chocando al caer contra el techo? Quizá el crepitar de la leña en un día de frío seco.
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