viernes, 19 de abril de 2013

Sin mirar atrás


Veo tus coherencias decir al oído de tus inquietudes que paren de ver la vida con tanta luminosidad. Como un canto terrible y desgarrador sobre tu cama, un odio que espera sacrificarse esperando un futuro más inseguro, pero más justo.

                  Tus ángeles, esos que caen en forma de gotas de agua de tus ojos tan oscuros, esos mismos que te volvieron doncella sin umbral. No cantan ni escuchan, no vuelan ni luchan; solo están ahí, mirando, expectantes a que te derroten, a la hermosa dicha de verte rendir. ¿Claudicarás? Espero que sí, estoy cansado de verte caminar siempre. Ya no te detienes ningún momento a descansar, no estropeas la mirada de nadie, solo sigues.

                Sigues deambulando por ese camino tan sórdido, perdido entre muchas caras conocidas. No le veo los ojos a nadie, es como si todos hubiesen perdido la mirada, es como si las cuencas vacías de sus ojos jamás albergaron la luz de reflectar las estrellas. Pero me encanta ver como sigues adelante, como no te importa nada; aunque sigo cansado verte caminar siempre.

                  Toda esa dicha que proyectabas en tu sonrisa se ha difuminado como el humo de un cigarrillo que se niega a ser fumado. El frío es agradable, no importa ese sol que nos mira tanto, que nos invita a tomar un descanso para bañarnos de sus terribles rayos de calor y luz, no importa; le obviaremos, el frío es agradable y eso nos basta. Pero sigues avanzando y ya no hay fuerzas para intentar detenerte.

                  Tan doncella, tan pura, tan hermosa, tan obsesiva, tan lujuriosa, tan inocente. La caída desde ese precipicio habría matado a cualquiera, menos a ti; seguiste hacia delante, siempre lo hacías. Tú no sabías caer, por eso estoy seguro que ahora vas flotando por las nubes, caminando, avanzando con el mar por único testigo. Pese a que yo no pude seguirte la marcha, no aguanté tu ritmo, sé que ahí vas, lográndolo y venciendo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario