martes, 4 de diciembre de 2012

Ensayo malintencionado, 2007


El opuesto de libre no es encerrado, se puede vivir en una habitación de dos por dos y ser libre. El opuesto de libertad es el sometimiento, la libertad es la capacidad que tenemos de elegir, pero educamos a nuestros hijos para que hagan lo que nosotros queremos, no los motivamos a elegir. Elegir es la máxima expresión de libertad y un ser libre nos molesta. Lamentablemente no somos conscientes de ello y no es algo que hagamos con mala voluntad.
No somos libres y sin quererlo vamos en busca de que nadie lo sea. Cuando vamos viajando en una micro y nos topamos con uno de esos "locos" que ensimismados le cantan a su reflejo en la ventana y se tapan los oídos para escucharse mejor, cantan y mueven su cuerpo no al ritmo del vaivén de la micro, sino al de su propio canto, enseguida nos encargamos de categorizarlo, etiquetarlo como un deficiente, como una persona con menos capacidades que las nuestras. ¿Qué capacidades? ¿La capacidad de ser correctos? ¿Aburridos? ¿Vergonzosos? ¿Infelices? ¡El que canta en la micro, en la calle, en el parque es libre! Sólo le importa ser feliz, está cantando desafinado y con eso le alcanza para sentirse pleno.
La discapacidad la tenemos nosotros, no somos capaces de liberarnos. El Stress, los ataques de ansiedad, de pánico; son todos síntomas de sentirnos encerrados en nuestro propio cuerpo. El estrés no es a causa de una deuda económica, es una muestra de inconformidad con nuestra realidad. Los suicidios no se deben a rupturas amorosas o a crisis financieras, son producto de darnos por vencidos en la lucha interna e inconsciente entre la realidad que nos tocó y la que hubiésemos preferido elegir. Entonces: ¿Qué esperamos para elegirla? Es sólo una decisión, una maldita y pequeña decisión que puede cambiarnos la vida.
Pero claro, una decisión así libraría una batalla, y el enemigo que nos tocaría enfrentar es poderoso y demasiado cercano: Tu familia, tus amigos, tu psicólogo y tu religión forman una conspiración para que todo siga como hasta ahora, para que la comodidad le gane a la inquietud de querer algo mejor. De esa manera todos somos miembros de un grupo y nunca seremos individuos con inquietudes individuales. De esa manera, la iglesia y el sistema, sólo deben responder una sola pregunta, la de la masa. Imagínate 6.000.000.000 (6 mil millones) de personas con preguntas diferentes, ¿Cómo hacen la iglesia y los gobiernos para responder? ¿Cómo hacen las empresas para satisfacernos a todos? En cambio, en un grupo, las individualidades se promedian, todos queremos más o menos lo mismo, todos tememos más o menos lo mismo y nuestra inquietud por elegir entre una vida u otra, es remplazada por la elección entre un Plasma de 42" o uno de 50".
Pero no te sientas mal, te educaron para eso. Quizás no te acuerdes, pero cuando tenías todavía pocos meses de vida, tu papá, tu mamá y tus tíos, se desesperaban porque aprendieras a hablar ¿Te acuerdas? Te repetían palabras fáciles para que los imitaras, y cuando aprendiste a hablar, orgulloso querías hablar con todos pero ahora estaban molestos porque hablabas todo el día. ¡Aprende a hablar pero cállate! La orden y la contraorden. ¿Y cuando te ayudaban a que dieras tus primeros pasos? ¿Para después pedirte que te quedaras quieto? ¡Aprende a caminar pero quédate quieto, todo es peligroso para ti! La orden y la contraorden. Desde chico te acostumbran a la frustración, a que no consigas lo que quieres, luego de grande te pasas tus días tratando de conseguir cosas, comprando en cuotas, pidiendo préstamos a bancos, algunos incluso robando, pero todo se trata de incorporar cosas y olvidarte de la idea de que quizás tu ya tengas algo en tu interior muy valioso y que ¡Oh! ¡Casualidad! Nadie te puede sacar, y es tu libertad. Te pueden distraer, te pueden confundir con señuelos, pero la libertad está dentro de ti y lo sabes. Simplemente tienes que preocuparte por que salga a la luz. No hace falta que te pongas a cantar en el parque, puedes ser feliz en tu trabajo. La libertad no pasa por irte al sur a vivir esa vida en el campo tan anunciada por la televisión como pacifica e ideal; la libertad pasa por hacer lo que haces todos los días pero eligiendo hacer eso. Es la diferencia entre ir a la oficina y elegir ir a la oficina. Es sutil, pero radicalmente opuesto. Y en el caso que decidas dejar de ir a la oficina porque sientes que no es para ti, será tu objetivo lograrlo sin hacerte daño por ello. Todo cambio radical es una crisis y las crisis son buenas, pero ante todo son crisis y requieren de fortaleza para pasarlas.
Es importante saber que uno es capaz de elegir lo que quiere, aunque nos hayan acostumbrado a acostumbrarnos, podemos elegir. ¿Te acuerdas cuando tenías 3 años y estabas jugando con una pelota, que tu papá insistía con que jugaras con los pies pese a que te encantaba lanzarla con la mano? ¡Era tu juego! ¡Era lo que a ti te gustaba hacer! ¡Ya ni cuando juegas te dejan elegir! Pero no es culpa de tus viejos, a ellos les pasó igual. A eso estamos acostumbrados. Somos animales de costumbres, el problema no son las costumbres cotidianas, esas pueden pasar como simples pérdidas de tiempo, lo grave es cuando nos acostumbramos a cosas importantes, cuando nos acostumbramos a sentir, cuando nos acostumbramos a que nos guste o no la vida que llevamos.
Cuando nos dejamos de preguntar si lo que estamos viviendo es lo que queremos vivir, es que ya nos acostumbramos a vivir, ya dejamos de tomar decisiones, ya dejamos de vivir. Es verdad que las cosas no siempre pueden ser como uno quisiera, pero es importante que nunca nos dejemos de preguntar si así queremos que sean.
El sistema nos tiene miedo, esa es la verdad. Es más fácil controlar a un grupo de personas que a individuos. En el momento en que decides ser libre, te pones por encima de todo y empiezas a controlar tu vida. Imagínate a toda la humanidad repleta de seres libres, creativos, creadores, felices, improvisando placer... Sería el caos del sistema establecido. Sería un nuevo renacimiento, uno desde las bases.

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